Mientras el corazón late…
- Lcda. Violeta Torres, MSW

- 2 jun 2020
- 2 Min. de lectura
Muchos deben recordar aquella canción que hizo famosa a Nidia Caro, “Hoy canto por cantar”, con la cual ganó el Festival OTI para el año 1974. La gente la cantaba todo el tiempo, cantarla nos recordaba ese triunfo obtenido. Era una de la de nosotros, una puertorriqueña, que se levantaba con su talento y su gran voz por sobre muchas otras voces. Aunque fue un triunfo, su contenido, su letra era tan triste, “que los problemas son de cada cual, y cada cual ya tiene su canción” decía parte de su letra. Ha pasado el tiempo, pero todavía sigue siendo igual, cantamos, por cantar, no por cambiar y llevar un mensaje. La gente no desea escuchar, no pueden razonar, olvidamos razonar cuando el dolor que nos aqueja es más fuerte que nuestro razonamiento.
Vivimos días difíciles, pero parecidos a aquellos que vivimos antes. Todavía después de haber pasado siglos de la esclavitud, la gente no puede aceptar que somos iguales, no importa nuestro color, nuestra raza, o nuestras ideologías. Hemos crecido, hemos aprendido, nos hemos educado, visitamos el pasado en cada libro que nos habla de nuestra historia, y pareciera que no hemos aprendido nada. Crecimos, si, en muchos aspectos, y todo indica que seguiremos creciendo, pues la vida se constituye de eso, crecimiento y aprendizaje, pero cual es la falla, por qué no podemos crecer en humanidad como lo hemos hecho en la tecnología, en la ciencia, en los descubrimientos. Alexander Fleming inventó la Penicilina

en 1928, invento que ayudó a curar muchas enfermedades, pero a pesar de eso, las enfermedades siguieron duplicándose. Podríamos comparar ese dato con la humanidad, crecemos, seguimos inventando, pero al final, más odio, más crueldad y más oscuridad continúan creciendo en el corazón del ser humano. Es casi imposible pensar que todavía hablamos de esclavitud, de superioridad y de negrura. Entre los años 1500 a 1865 se inició uno de los eventos más trágicos y vergonzosos para nuestra humanidad, donde se transportaron más de 10 millones de africanos negros hacia el “Nuevo Mundo”, irónico que ese nuevo mundo estaba lleno de tanta crueldad y tanto sufrimiento para ellos.
Se abolió la esclavitud el día 22 de marzo de 1873, y todavía muchos no sé han dado por enterado o simplemente no aceptan que se hecho ocurrió hace más de 100 años. Aunque han pasado los años los corazones siguen latiendo, late el corazón del negro, de la misma forma que late el corazón del blanco. Muchas personas no lo pudieron soportar, no lo pudieron aceptar, y sembraron en el corazón de sus descendientes la misma mala yerba que había crecido en el de ellos, y por eso hoy por hoy todavía guardamos rencor, vemos diferencias, comparamos colores. El camino ha sido largo, y continuará siendo largo, quizás algún día podamos vernos y no como iguales, porque no lo somos, somos diferentes, en cuerpos, en colores, en pensamientos, en ideologías, pero si podremos aceptarnos y convivir como una sola raza, donde todos sus corazones laten igual, porque todo corazón al dejar de latir dejará de existir. Por lo tanto, mientras el corazón late, continuemos luchando para que algún día, podamos gritar que somos completamente libres…





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