Un poco de mí...
- Lcda. Violeta Torres, MSW

- 30 abr 2020
- 3 Min. de lectura
Nací en una gran familia, a pesar de nuestros retos de vida logramos salir adelante. Desde pequeña me gustaba leer y escribir. Cuando me gradué de la High School, comencé a estudiar en la Universidad Católica de Ponce, por situaciones familiares no pude terminar mi concentración de Administración Comercial. Así que tuve que irme a trabajar, trabajé como Secretaría en la Oficina de Reclutamiento del Army, en Ponce, donde conocí a mi querido esposo. Luego de vivir en los Estados Unidos regresé a Puerto Rico, mi isla amada. Me dediqué a cuidar a mi hijo y dediqué muchos años a mi familia, acción de la que hoy me siento orgullosa. Como no conseguí trabajo, entre al consorcio de Cabo Rojo a estudiar, Corte y Confección del Sistema de Carlota Alfaro, y trabajé en un Atelier de costura durante cinco años, hasta que nació mi hijo. Luego llegó el boom de las computadoras, para eso del 1995, con mi hijo comenzando en primer grado, me compré una computadora y la cambié por la máquina de coser. Aprendí todo lo que pude y me di cuenta de que tenía talento para trabajar con la computadora. Tomé varios cursos y continué aprendiendo hasta el punto de que la dominaba completamente. Aprendí tanto que fundé mi propia compañía llamada Acovi, donde realizaba diferentes trabajos a estudiantes universitarios y de escuela superior en mi hogar. Fueron años buenos y de gran aprendizaje. Luego conseguí trabajo como Maestra en un Colegio en San Germán, Academia San German Christian Academy donde trabajé durante 19 años, trabajé como maestra de Computadoras, maestra de Matemáticas, Historia de Puerto Rico y aprendí a preparar Currículos Educativos especiales para niños con necesidades especiales. También trabajé en la Universidad Ana G. Méndez, como facilitadora del Programa CREE, donde ofrecía los laboratorios de matemáticas, inglés y español a los estudiantes.
Un día decidí volver a retomar mis estudios, al principio me dio terror y pensé que no podría lograrlo, la universidad en ese tiempo era totalmente diferente a la universidad y los estudios que yo recordaba. Decidí terminar mis estudios en Administración Comercial, muchos me dijeron que a mi edad no valía la pena. Otros me dijeron que en Puerto Rico no valía la pena estudiar porque no había trabajo, pero muchos me dijeron, que bueno, anímate, nunca es tarde para continuar aprendiendo. Y después de dialogarlo con mi esposo, tome la decisión de volver a estudiar. Para mi sorpresa, cuando fui a realizar mi matricula me encontré con la situación que como llevaba tantos años fuera de la universidad mis créditos ya no tenían valor, y tenía que comenzar de nuevo. Llegué a mi casa triste, destruida pues la verdad estaba deseosa de continuar y retomar lo que había dejado. Mi esposo me dijo, “no importa, comienza de nuevo, yo te apoyo, y sé que lo vas a lograr”. Me habían dicho que tenía mas de 90 créditos que no tenían valor y mi esposo me decía, no te preocupes. Había logrado tantas cosas, trabajé como madre voluntaria en la escuela Severo E. Colberg, donde pertenecí a diferentes grupos dentro de la escuela y comunidad. Había logrado tener mi propio negocio, y trabajaba como maestra en la Academia en San Germán, para que más.
Después de pensarlo bastante decidí volver y comenzar de nuevo, y en vez de comenzar en Administración Comercial, decidí hacerlo en Trabajo Social, tenía 46 años cuando volví a estudiar. No sé si fue la experiencia, la universidad o los profesores que me dieron las clases, que me enamoré perdidamente de esa profesión. Así que comencé mi bachillerato de Trabajo Social en el 2008 y me gradué en el 2012. Fue una etapa difícil, de ajustes, de cambios, pero aprendí a conocer todos los dones que Dios me había dado y a desarrollarlos. Luego de graduarme de Bachillerato en Trabajo Social, me fui a estudiar mi Maestría en Trabajo Social Clínico que, si fue fuerte, wao bien fuerte, pero me gradué y logré mi propósito. Créanme, terminar una maestría después de los 50 años no es fácil, pero con todo lo vivido, los tropiezos y todas las lágrimas derramadas, lo logré. Tengo que mencionar que, sin el apoyo de mi hijo, mi esposo y de toda mi familia que creyeron en mí, no lo hubiera logrado. Me gradué y obteniendo una Maestría en Trabajo Social Clínico, ese fue uno de los momentos más bellos de mi vida. Hoy continúo aprendiendo, haciendo educación continua pues no hay nada más preciado que el conocimiento. Así que esta soy yo, simple, sencilla y siempre dispuesta a dar lo mejor de mí. Gracias por seguirme.






Comentarios